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martes, 19 de octubre de 2010

No mames, güey, no seas culero, güey, vamos por unas chelas, güey

Sentarse en la Plaza de los 50 Años del ITESO es un suplicio para una mujer sin audífonos. Un reverendo suplicio. Invariablemente, hay que compartir la mesa con un ingeniero, que junto con sus compas destruye el lenguaje de Cervantes, recitando las diferentes conjugaciones y derivados de chingar, llamándole güey hasta a su madre, y agregándole el adjetivo pinche a cualquier sustantivo que ose cruzarse por su lengua.

Todos son cabrones, pendejos, putos y viejas rete culeras. Demeritan de maneras impensables su miembro masculino, usándolo como adjetivo, pronombre, adverbio… todo mundo se las croma, pero, bueh, al menos en espíritu, a los pobres.

Todo tiene doble sentido y referencia directa con alguna posición sexual (la cual, de seguro no han probado en su chaqueteada vida).

Hay que soportar sus chistes obscenos que, para colmo, son malos, misóginos, y excedentes de altisonantes. Hay que escuchar con paciencia budista OTRA más de sus pedotas y la pinchi vieja que me agarré, güey. Pueden hablar animadamente por cuarenta y cinco minutos con punto y coma y santo y seña sobre cada detalle inútil de sus crudas y sus coches. Y YA. No hay más. Se despiden cual homies en su barrio, y planean en su apretada agenda OTRA sacrosanta ida por unas chelas.

Los ingenieros del ITESO (no, ya sé, no todos, pero sí más de los necesarios), a falta de léxico, coeficiente y buenas cogidas, arruinan lo sabroso de maldecir. Son un asco con sobrepeso y déficit de sustantivos, que ojalá sean siempre presa de los retenes, los abusos de poder del cuerpo policiaco, y las mujeres apretadas.

viernes, 20 de agosto de 2010

Porque hablarse en segunda persona es terapéutico

Para Ángela, por su milagro en clase de Introducción a la Profesión

Mira que eres curiosa. Las cosas que tienes que arruinar para darte cuenta que es tiempo de seguir adelante.

Te quisiste esconder en la biblioteca de la universidad como lo hacías antes, pero, oh sorpresa, ya no te funciona. La solemnidad de libros cerrados y el olor a polvo no te reconforta más. Te diste un break de la comida y te protegiste en tus audífonos para no pensar; incluso olvidaste las buenas maneras y evitaste a gente que sabías que te pediría cuentas.

Pensaste y repensaste y re-repensaste ad nauseam. Consultaste con cuanto cristiano te topabas en los pasillos qué diablos hacer con esta coyuntura emocional, porque, hay que admitirlo, eres brillante para unas cuantas cosas… pero para las relaciones humanas eres re’ pendeja.

Y al final, tu epifanía te la encontraste ayer en un salón asfixiante de clase de 4 de la tarde, con tu heroína colombiana Miss Godoy y sus ‘vainas’ y elocuencias verbales exquisitas. Es tan sencillo…

Tu pasión, querida tronca emocional, ¿cuál es tu pasión?

Corres al estacionamiento de la universidad, te subes al coche, prendes la radio, y crees escuchar en la voz de Noel Gallagher “you know that it’s time to wake up, wake up” (sabes que la canción no va así, pero esta fe de erratas es perfecta para tu revelación cósmica de pacotilla).

Y despiertas en tu amada Avenida López Mateos, y te das cuenta de tu estómago vacío, tu desmadre de papeles en el asiento, tus uñas mal cortadas, tu expresión facial descompuesta… y tienes hambre, sí, por fin tienes un chingo de hambre; y tu cabeza empieza a carburar y enlistar todos los pendientes con tu vieja meticulosidad histérica. Y puedes recordar todas las otras cosas que te apasionan, por las que también te desvives y te emocionas como quinceañera vestida de colores pastel. Tus otros planes, tus otras metas.

Y hoy vuelves a levantar la cara y avientas sarcasmos de defensa personal, buscas qué libro leer, sacas tu pobre guitarra arrumbada, vuelves a llenar tu agenda, a preocuparte por el poco tiempo que tienes para hacer las cosas y a comprar comida chatarra en la cafetería, con tu habitual complejo de culpa intrascendente. Vuelves a mirar tus tacones arrumbados y piensas, chingue su madre, ahora me los pongo y les doy el valor superficial que les corresponde; ya no son el símbolo de mi vida de periodista en pausa… son unos pinches tacones bien altos que a ver si no azoto con ellos hoy en la noche.

Oh, Adris, you´re back.

viernes, 2 de abril de 2010

Adris goes to Chilangoland


El DF es una civilización folclórica y caótica de pinchimil habitantes en sus pinchimil calles, sus pinchimil coches y pinchimil estaciones de metro. Eso dice ésta su servilleta provinciana, tapatía recalcitrante y enoclofóbica. La Ciudad de México me asusta. Ya lo había dicho Fadanelli, la ciudad es un monstruo listo para devorarte.

Opiniones de mis acompañantes en esta travesía cultural me dicen que probablemente mi percepción de la urbe haya sido alterada por cuestiones fisiológicas y cíclicas (el SPM me mata), pero creo que mis hormonas me hicieron tener los ojos más abiertos; las situaciones cotidianas eran una puesta en escena de la idiosincrasia, orquestada sólo para mí.

Enfrenté al monstruo a lo macho: sin ibuprofeno, con Converse viejos y botellas de agua que me eran confiscadas al entrar a los museos. Tragué smog y salí del metro con sudor que sé que no era del todo mío. Comí dos veces al día para salvaguardar nuestro presupuesto y con humildad salía de los lugares cerrados para fumar. Soporté con dignidad silenciosa que me hicieran tirar mi chicle y dejar mi bolsa antes de entrar a los museos, que los elementos de seguridad de las salas me pisaran los talones cuadro por cuadro, como si fuera Aaron Barschack con mi bote de pintura listo, que me negaran mapas porque “se habían terminado” sus fotocopias en formato Word… hasta pagué los míseros diez pesos para que me permitieran sacar mi camarita cutre y tomara fotos piteras sin flash.

La polución sonora en la ciudad es demasiada. Los taxistas tienen un claxon especial, que suena como musiquita; los conductores les pitan con furia a los camiones que están haciendo parada, la gente grita y menta madres si el semáforo se pone en siga y el de adelante tarda un segundo en reaccionar; en cada parada del metro se sube un individuo con una mochila con bocinas para vender discos piratas a diez pesos (Led Zeppelin en la estación Salto del Agua… oh, las sorpresas de la vida)… ansiaba llegar al cuarto de hostal para tener un momento de paz y silencio, pero la bodega de enfrente tuvo fiestas de electrónica las dos noches.

El surrealismo en el DF está a la orden del día. Nos tocaron DOS taxistas que no sabían llegar a La Condesa. Desayunamos en el segundo piso de la Casa de los Azulejos, y el pobre edificio está tan hundido e inclinado, que mi taza de café estaba a dos de derramarse. Uno de mis acompañantes casi se agarra a madrazos con un oficinista del Antiguo Colegio de San Ildefonso porque éste alegaba que no existía la burocracia en la UNAM. Había militares haciéndola de niñeras de turistas en el Palacio Nacional. En la esquina de La Alameda, una policía platicaba amenamente con una vendedora de dvd’s piratas. No hay línea de metro para llegar a la Esquina de la Información de la zona financiera (cierto, los ejecutivos no viajan en metro). Las únicas personas amables con las que nos topamos eran los choferes de camiones y los porteros de los strip joints en la esquina del hostal. Para celebrar La Hora del Planeta, el Ángel de la Independencia iba a apagarse a las 8:30 de la noche… mientras, a sus pies, dos plantas de luz habían sido contratadas para un concierto alusivo al festejo en el Paseo de la Reforma. Por sólo treinta pesos, podías pagar una limpia azteca en el Zócalo… o tres strippers de juguete que movían el trasero si girabas el tubito.

El fin original de mi viaje era realizar una investigación para mi proyecto sobre el Bicentenario de la Independencia de México. Tengo mi cuadernito negro atascado de fichas, nombres de pinturas, anotaciones de los museos, panfletos y panfletos del Gobierno Federal… y no puedo escribir nada que no sean todas las tonterías tan maravillosas y atemorizantes que vi en las esquinas. Debería de estar escribiendo sobre las deficiencias de amabilidad en los museos, la carencia de traducciones de sus fichas históricas, la falta de mapas e innovación en sus salas, mis descubrimientos del arte virreinal y los artistas plásticos del naciente siglo XX que son excelentes y nadie menciona por anteponer a Rivera, Orozco y Kahlo… pero sólo puedo pensar en la musiquita que sale de los claxons, la voz de la señora del Vips predicando el amor de Dios en la mesa de al lado, el olor a coladera y la sensación vertiginosa de estar sentada en un edificio ladeado.

miércoles, 3 de febrero de 2010

Loading II (o En lo que Saco Algo Bueno Hay que Llenar Esta Madre)

(DISCLAIMER: el presente es un trabajucho pa' taller de escritura. Lo cual peca, al igual que todos mis trabajos escolares, de parchaduras de otros textos que he metido por aquí. Disculpe usté.)
La inspiración es un mal necesario. Es una vieja metiche que quiere exprimirte tus adentros y escarbar en las esquinas de tu mente que se te olvida que existen. Es la innombrable... nomás la invocas y la espantas. Es bipolar, voluble y le encanta hacerse la depresiva para los que se sienten poetas por tener el corazón roto y una pluma a la mano. Es compinche del insomnio, pariente del enamoramiento y el hambre, y detesta que la equiparen con la melancolía; su banda sonora son los violincitos trágicos y odiosos que escuchas en tus oídos cuando quieres hacerte el melodramático y desnudar tu alma y esas otras tonterías que a nadie más le importan.

La inspiración es imprudente. Como los estornudos escandalosos o el síndrome premenstrual. Te llega en los lugares y momentos menos adecuados: te saca del baño a que corras por una servilleta y una pluma, te desconcentra y te convierte en un desidioso y un inestable, te hace rodar por la cama a horas obscenas de la noche, demandando tu absoluta atención. Es posesiva y celosa, como una madre desocupada. Son voces dentro de las voces que, según Sergio Pitol, te obligan a levantarte de la cama, buscar una hoja y escribir tres o cuatro líneas. Tres o cuatro pinches líneas que son suficientes para quitarte el sueño. ¿Será mucho pedir que las voces nos visiten a horas adecuadas? Siempre será un amigo incómodo. Llegará cuando uno no la invite y se irá cuando más se necesite.

La inspiración es la relación perfectamente destructiva que buscan los que se creen artistas –esos que van por la vida buscando miserias porque no saben vivir de otra forma– y, como toda relación, exige atención y cuidado, sí, sí… como la metáfora estúpida de la plantita, el riego y esas mamadas. Deshecha a los novatos y los sentimentalistas llorones; ella sabe que el hecho de que te llegue no significa que sepas qué hacer con ella. Exige que la manejes como se debe, se apropia de tus quince segundos de genialidad, no tiene tu tiempo y no va a esperarte.

La inspiración, en el fondo, es una ofrecida. Selecta… pero ofrecida. Sí, sí es una paradoja posible, soy mujer, sé de esas cosas. Ella se deja con el que sepa usarla mejor. Se hace la difícil, pero le encanta la atención. Al final de cuentas, ella sabe la realidad de su condición: ella no existe sin ti, tus demonios y tu hoja en blanco.
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UPDATE: leí esta madre en mi clase. Mi maestro frunció el ceño y se tomó muy a pecho mi choro de los artistas llorones, sentimentalistas, maricas y demás sarcasmos que esta su servilleta se adjudica a sí misma. Al parecer, mi voz interna tiene acento más chistosón, porque en voz alta me entra el pánico escénico y arruino más mis escritos. ¡Quiero cojones!

jueves, 19 de noviembre de 2009

Add Foucault and stir

Doxa. Episteme. Yo creo versus yo sé. Yo digo versus yo me apoyo en lo que otros dicen para decir lo que digo. Hay que llenar la bibliografía para tener credibilidad, y debo amontonar mis letras hacia arriba de la página para darle cabida a los pies de página.

Tengo envidia de la mala (porque no hay de otra) de esa gente citadora. ¿Cómo diablos le hacen para tener esa memoria fotográfica? ¿Acaso se fían esos malditos snobs de que nosotros los mortales no cargamos la enciclopedia para tirarles sus bluffs? ¿Qué clase de persona se machetea el calendario de Paulo Coehlo, esperando la plática de banqueta en la que pueda soltar su derroche filosófico de $250 precio Gandhi? ¿Y YO a quien cito para validarme? ¿Para que este YO sea tomada en serio?

¿Quién es este yo?
Yo. Soy….

Soy la ambigüedad consecuente de mis 22 años. Soy una antología de otros, de otras vidas y otras historias que no son necesariamente mías. Qué cosas. Ya no sé qué tanto de lo que digo es mío y que tanto me lo he robado. Bueno, lo tomo prestado. APA me obliga a admitir mi fuente en algún punto de la conversación. Y mi bibliografía casi nunca viene de fuentes académicamente respetables. A menos que las Vacas Sagradas de la Comunicación me dejen usar de fuente al panadero de mi colonia.

Doxa. Praxis. Yo lo digo versus yo lo hago. Yo lo digo porque lo creo versus tú lo dices porque lo viviste.

Mis frases célebres se las he copiado a gente de la que ya no me acuerdo. Si te conozco, te voy a citar. Porque yo soy doxa. Todo lo sé en teoría. Todo lo sé porque me lo dijiste. Y probablemente, en mis palabras, tus palabras suenan mejor, aunque yo no veo lo que tú viste. Prefiero llenar mi cajón de sabiduría de tus palabras a las de un fulano estructuralista que en el fondo no le creo.

Hay que agradecer por la gente con la que uno se topa y le deja un poco de cultura general. Doy gracias por el geek simpaticón de mis clases que lee Wired y me enseña cosas que en la vida investigaría, como que Google ya tiene su propio lenguaje de programación y qué son los fractales. Gracias a mi maestro de clase de los martes que me incita a leerme toda la biblioteca nacional del siglo XX. Gracias a Gracielita que se toma la molestia de utilizar construcciones lingüísticas que nadie usa. Gracias a Ángela y Charlie Moon por su traducción de Thompson para dummies, a Gaby y sus frases domingueras güeras, a los ociosos que cuelgan mantas en los puentes peatonales con frases inspiradoras, gracias a Elías que tiene la lengua más filosa y ocurrente del poniente de la ciudad… gracias a los extraños que han pasado con mi vida y me han nutrido de una conversación más original.

Soy doxa y busco tu episteme. ¿Me lo prestas?

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Otoño en Región 4

Para el ocio trasnochado de Lecha
Ah, mi precioso país tercermundista. No me falla. Nada como comenzar la mañana con siete grados centígrados, un desayuno anoréxico de campeones, café frío y las nuevas pendejadas mediáticas. Ferriz de Con masacrando verbalmente al Subsecretario con trampas lingüísticas en el radio; la “clausura simbólica” de las obras del Panamericano (éjele, nos la van a quitar); que El Negro andaba en Lamborghini; una foto en el portal electrónico de Mural que parte el corazón de cualquier ambientalista, de un tipo plantando un arbolito en el camellón de San Ignacio, justo al lado del cadáver de un árbol de más de 30 años que fue tirado y masacrado en pedacitos por las obras del magnánimo puente atirantado de nuestro gobernador incompetente y sus ingenieros/albañiles en traje sastre, llenos de permisos de obra y cortos de planeación urbana.

Y volteo al calendario. Cierto, es noviembre ya. El día de Muertos me pasó de noche (mi casa veta el pan de muerto y mi tía es alérgica al cempasúchil y cualquier otro indicio de esta ‘tradición necrofílica’, à son avis), apenas noto cómo la ciudad se mueve con menos velocidad últimamente. Abro los ojos entre tanta ojera y sucede: son las dos de la tarde y voy con mi pedacero de coche transitando por López Mateos… y no se escucha ningún claxon. Un miércoles pacífico. Un día sin novedades. Ya hacía falta.

Tapatilandia tiene resfriado. La influenza y el dengue están vaciando las aulas de la universidad. Tengo dos sobrevivientes en cada lado de mi escritorio y unos cuantos alegóricos estornudando un impromptu en re menor. En otoño no son hojitas amarillentas sino Kleenex moqueados los que tapizan el suelo. Ah, se respira gripa en el aire. Y estrés, la invención más revolucionaria del postmodernismo capitalista, explotada hasta sus últimas consecuencias en el ITESO. Es contraproducente. Saca la mala persona que uno lleva dentro; cuatro bolas de estrés, déficit de sueño y una lista de gente que uno planea asesinar de la manera más sádica que la imaginación se lo permita. Cuidado, tengo un diccionario enciclopédico Larousse y no dudaré en usarlo.

Lo más emocionante de noviembre son los frentes fríos y el ‘Aniv de la Rev’ que nadie recuerda si no es porque se vuelve fin de semana largo. Este mes es sólo una coma. Un guión y pausa entre el destape de los complejos freudianos y conductistas, de niñas del Country vestidas de putas y enclosetados con faldas y lipstick en fiestas anunciadas hasta el vómito vía Facebook… y la masacre con foquitos de las Navidades: buñuelos, botargas afelpadas y Grinch’s que nos embriagamos de sidra y vino rosado para no llorar a media cena del 24.

Me uno a la tracición gringa y doy gracias en noviembre. Por noviembre. Por este mute en un semestre tan caótico. Puedo soportar la presión de los finales. Venga, venga más carga de trabajo. Prefiero los ensayos kilométricos a la cara desencajada de mi madre frente al árbol navideño y una pendeja más vestida de conejita sangrienta.

jueves, 22 de octubre de 2009

Niebla en el ITESO (o Vómito Matutino en Clase de Derecho de la Comunicación)

Hoy hay niebla atorada en los pasillos y colgada en los árboles. Hay tour internacional de nubes en todo el campus. Se detienen a curiosear en las ventanas, dejando huellas goteantes en el vidrio y llevándose el calor como souvenir. Todo es agua, ríos y ríos de agua fría y condensada. Y yo tan seca.

Hoy hay ruido, mucho, mucho ruido. Hay un stand de la radio de la universidad que avienta canciones viejas de Café Tacvba, que opacan los balbuceos de mi maestra frente a una clase cruda y desvelada; los rechinidos de las sillas y golpeteos de plumas sobre los escritorios interrumpen la siesta de mi compañero de al lado, hay un coro de groupies de Aristegui que refuta la exposición de la clase sobre la radio de Televisa… hay ríos y ríos de voces con argumentos sustentados en La Jornada. Y yo tan muda.

Hay un mitin de pubertos preparatorianos. Camiones atascados de ellos; niños cargando bolsas con promocionales estorbando las vías alternas, y mocosas con faldas de cuadros que levantan chiflidos y gritos obscenos por parte de los ingenieros. Son ríos y ríos de extraños aglomerados en los pasillos, en las cafeterías, en los jardines, en la biblioteca, frente al espejo de los baños de mujeres… y yo tan sola.
Hay una mancha gris en mi vista panorámica. No veo nada tres metros adelante. El día parece estar anunciando tragedias, llovizna pasajera y temperaturas que no rebasarán los veinte grados centrígrados. Probablemente habrá un tráfico divino en las arterias principales y choques tontos de señoras en mamamóviles y jóvenes imprudentes en sus deportivos/cajas de zapatos. Hay ríos y ríos de tristezas grises desparramadas en toda la ciudad.
Y yo tan feliz.

miércoles, 14 de octubre de 2009

Desde la biblioteca. Parte II

Hay una tormenta de nieve en la sección de poesía norteamericana. Caen basuritas blancas sobre las tapas lujosas de las copias de exportación y se derriten sobre sus hojas finas, hechas de árbol asesinado a la mala. Las frases rimbombantes en lenguaje sajón se mueren de frío y se escurren por los anaqueles, buscando refugio en las páginas de educación sexual.

Es una orgía en rima allá abajo; un retruécano anatómico con óvulos vacíos tristeando elegías en inglés a los espermas impuntuales. Los apóstrofes levantan las cejas frente a la imagen de un cuerpo de mujer, expuesto con una asquerosa simpleza y meros fines médicos. Los guiones hacen del aparato reproductor masculino su parque acuático personal, mientras que los versos modernistas producen happenings eróticos en medio de las trompas de Falopio.

Hay una época de sequía en la sección de literatura francesa. Las voces gangosas en las copias amarillentas no tienen ni saliva para escupir sus pronunciaciones a gusto. Sólo pueden gastar sudor que apesta a croissant y queso Camembert –y los demás lugares comunes del imaginario franchute. Hacen barquitos con sus hojas deshidratadas y los avientan en el hueco de lo que fue el río Sena, mientras silban la vie en rose con la tristeza enfatizada en las cedillas. Derraman lágrimas secas y maldicen a las nouvelles distópicas de Nothomb, que de seguro tuvieron la culpa. Esas teorías conspiracionales de televisión sangrienta y Radiohead como destapador de violencia doméstica no pudieron ser buenas ante los ojos de Dios. ¡Castigo divino, poutains de merde!

Hay una ventisca arrasadora en el estante de los diccionarios. Hemos perdido las definiciones correctas, madre mía. Por los pasillos, el viento empuja distorsiones de la lengua española, masacra la sublime construcción semántica que nos tatuaron en nuestra primarias mediocres, con sus libros mal encuadernados de la SEP. Cervantes se ha de estar revolcando de dolor en su tumba; tortura china para él eso de escuchar modismos idiomáticos, que la Señora Real Academia Española tuvo que incluir en sus páginas sacrosantas por presiones hispanoamericanas.

Hay un diluvio con granizo en el ala izquierda de la biblioteca. En el mero centro. Abajo. Del otro lado de las escaleras. Donde toda la orquesta gramática se me cae encima y me baña de lexemas y gramemas. Donde las letras saturan mis oídos y su polución sonora estimula mis glándulas lagrimales. Donde las frases descontextualizadas se deshacen en pedacitos fríos, golpean mi cabeza y no me dejan buscar el paraguas. Donde el caos subversivo es obra de las palabras; y hacen mítin todas ellas, confabulan, conspiran, se unen.

Pero ninguna es suficiente. Ninguna puede armarse de valor y armar la frase que necesito. Porque no existe. ¿Cómo se describe y pronuncia –con gramática precisa y en alguno de los tres idiomas– el sonido, la textura, el paisaje decadente de la tristeza vuelta dolor físico?

lunes, 5 de octubre de 2009

Desde la biblioteca. Parte I

Put your finger on my lips
we could be a grown up fairy tale
swimming in a library
we're not going anywhere
- In the library, Athlete

Soy una piltrafa emocional arrastrando los pies por la biblioteca. Debería darme vergüenza, el cuadro lamentable y ojeroso que me he vuelto, vagando por los anaqueles, aferrada a la única copia disponible de orgullo y prejuicio. La sexta Miss Bennet, la vieja Austen sin humor negro y retorcidas exageraciones, sin sus Darcy's y sus Edward Ferrars... sin vestido decente y conversación apropiada para los bailes de salón. El personaje eliminado de todas las buenas historias de la Regencia por falta de aportaciones a la trama.
Fuir le bonheur de peur qu'il ne se sauve
Avoir parfois envie de crier sauve
Qui peut savoir jusqu'au fond des choses et malheureux
Hoy la sección de literatura me comió a pedacitos. La mesa de trabajo del ventanal del ala izquierda me remató con una silla vacía y la sombra de quien una vez estuvo sentado ahí, con una torre de manuales y la mochila que no cambiaba desde cuarto de primaria. Llené el espacio de la mesa con manuales de psicología y nación prozac en la codiciada cima de la torre de libros que tomé al azar para que la gente no creyera que estaba ahí sin ocupación.
Or que tout est bête
Tout est vain et inutile
Lorsqu'épuisé, fatigué
Le corps n'est plus qu'un autre projectile
Confieso que vengo más de lo necesario a vagar por los pasillos. Me apoyo en las esquinas vacías de los estantes y escribo con desesperación una sarta de cosas que imagino que podría usar de premisas para una conversación en ese momento. La tipa del siguiente pasillo trae un libro de Coelho/ sé que no escatimarías en reproches esnobistas al respecto/ Acaban de surtir las copias de Elizabeth Gaskell/ ¿Si alcancé a admitirte mi culpable predilección por la chick-lit de época?/ No encuentro el libro de foto que necesito para mi siguiente clase/ Por supuesto que tú te hubieras dado cuenta de inmediato que estaba en la sección incorrecta/ Me niego a dejar los libros que saqué sin propósito alguno en el estante correcto/ Puedo oírte te sacándote un discurso sobre mi falta de conciencia social y cómo es una de las cosas que más te fascinan de mí/ Perdamos un libro... si tomo ese de Joyce y lo pongo en la sección de medicina... ¿tardarían años en encontrarlo?/ Ya sé que piensas que es uno de mis tantos síntomas de falta de atención e inmadurez.
Oui, je sens le vent
Je sens la pluie
Ressens la peine
Vengo aquí a aspirar el olor a papel viejo y amontonado. A llorar en la sección de libros en francés. A consultar en los diccionarios más gordos que encuentre todas las palabras que uso y, al parecer, no existen. Vengo a sentirme sola y estúpida, mientras el resto de las ratas bibliotecarias se me quedan viendo y procuran no cruzar por el pasillo en el que estoy hecha bolita. Vengo porque (y no sé por qué es así) aquí encuentro todo lo que era e iba a ser antes de... antes de... antes. Vengo a justificar con recuerdos intrascendentes por qué sigo esperando. Vengo a encontrar qué es lo que estoy esperando.
J'en ai assez. Arrête.
J'en ai marre. Arrête.
Tu vas m'crasser. Arrête.
Tu vas m'abattre. Continue.

domingo, 27 de septiembre de 2009

Adris en Dime poesía - Itópica



Escuchen mi entrevista en :

http://cid-ed47e537353cd44b.skydrive.live.com/browse.aspx/Programa%20de%20Radio%20Dime%20Poes%c3%ada (la del 24 d septiembre)

Gracias a Memo, Natalia, el buen Haroldo y a todo el equipo de Dime Poesía, que nos salvan a los melómanos del olvido!
La poesía nunca muere!
:)